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lunes, 26 de agosto de 2013

Capítulo 7: Apagón (Best Song Ever)



Narra Marta

Íbamos escuchando Los 40 principales en la radio, aburridas sin hacer nada. Yo iba en los asientos traseros, entre Nata y Ana, que escuchaban música con sus auriculares. Yo escuchaba a Megan y a Sam hablar de asuntos desinteresados para mí, hasta que anunciaron en la radio lo que nos iba a pasar esa noche:
-¡Esta noche concierto de la banda One Direction en Madrid, con 50% de descuento en las entradas! ¡Enhorabuena a los que se las sacaron a tiempo, estaremos allí esta noche! ¡Buenos días!
El anuncio acabó, haciendo que dejara de prestar atención a la radio. Me saqué el móvil del bolsillo y vi que tenía un SMS. Lo abrí y ponía:
Sé que vas al concierto de One Direction esta noche. Sabía que te gustaba rarita. De: anónima.”
¿De quién sería ese mensaje? Tenía tantos enemigos que no sabía de quién podría ser. Tenía sospechas, pero no estaba segura:
-Ey, chicas-dije-. ¿Cuánto falta?
-Una hora-respondió suspirando Sam-. Lo preguntas cada quince minutos.
-Me aburro.
-Escucha música.
-No tengo ganas.
-Pues búscate la vida gordi.
-Idiota.
-¿Jugamos a palabras encadenadas?-preguntó Sam-.
-Está bien. Empieza tú.
-Vale. Mmmm... Música.
-Capulla.
-Llavero.
-Romero.
-Ropa.
-Paté.
-Tenedor.
-Dormitorio.
-Río.
-Ojo.
-Joven.
-Me aburro-dije, interrumpiendo el juego-.
-Puff... pues haz algo, yo voy a escuchar música-me contestó Sam-.
Decidido. No había dormido bien, así que saqué mis pastillas relajantes de la mochila y me tomé una. Sin necesidad de beber agua, me la tragué directamente. Al cabo de quince minutos estaba dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Ana.

Narra Natalia

Por fin entramos en Madrid. Lo primero que haríamos sería ir de tiendas, visitar lugares que Sam deseaba... Marta había dormido como un tronco el resto del camino, gracias a esas pastillitas que se tomaba. Yo no me las podría tomar. Odio con toda mi alma los medicamentos. Ana empezó a zarandear a Marta, pero esta seguía frita:
-Déjame a mí-le indiqué a Ana-. ¡¡Martaaaaaa!!-le grité a la chica en el oído-.
-¡Liam!-dijo sobresaltada-.
-¿Liam?-dije con una sonrisa pícara-.
-¿Qué? Nooo, quería decir, mmm... Miam.
-Ya, ya... te gusta Liam, lo sé-reí-.
-¡Qué no!-se enfadó-.
-Lo que tú digas, nena-respondí, acomodándome en el asiento-.
-Ya hemos llegado-dijo Megan riendo-. Vete espabilando.
Megan condució hasta un parking subterráneo no muy caro. Cogió el ticket, aparcó, y salimos de allí. Empezamos a caminar, sin dejar de ver folletos de anuncios del concierto. Sonreí. Aún no me creía que fuera a asistir a un concierto de mis ídolos. Aunque mi debilidad fuera Zayn, los adoraba a todos. De repente, Megan recibió una llamada telefónica. En cuanto vió quién le llamaba, se puso nerviosa, sin saber si colgar o responder. ¿Quién sería?

Narra Megan

Mi teléfono seguía sonando, ante la extraña mirada de mis amigas. Pero el que me llamaba era un secreto mío, por lo menos hasta esa noche, y no quería estropear la sorpresa. Por fin, decidí cogerlo, alejándome de mis amigas:
-¡Lou!-dije-.
-Hola, Meggie. ¿Por qué has tardado tanto en responder?
-Porque... aún no me creo que te haya conocido-me inventé, aunque casi era cierto-.
-Mentirosilla. Estás con tus amigas, ¿verdad?
-Sí.
-Mejor te dejo...
-¡No! ¿Qué querías?
-Decirte que en la cola del concierto tus amigas y tú vayáis con cuidado-rió por lo bajo-. Bye, Meggie.
-¿Qué? ¡Espera, no entiendo!-colgó-.
Puff, pensé. ¿A qué se refería? ¿Me había llamado sólo para eso? Ahora me había dejado con las ganas de saber qué tramaba. Volví a acercarme a mis amigas, que me miraban con el ceño fruncido:
-¿Qué nos ocultas Megan?-preguntó Ana-.
-¡Nada! Estáis locas.
-Como para hablar por teléfono te largas, pues no sé-dijo Nata cruzándose de brazos-.
-Mira, no os enfadéis plis, son tonterías mías.
-Si son tonterías, ¿por qué no nos las cuentas?-preguntó Sam, con cara de pocos amigos-.
-Porque no es nada importante-bajé la mirada-.
-Mirad chicas. Si no lo quiere decir, dejadla en paz. Por un pequeño secreto que nos oculte no nos vamos a morir-me defendió Marta-.
-Está bien. Pero esto no se queda así-dijeron Ana, Sam y Nata al unísono-.
Empezamos a partirnos de risa. Esa frase era muy común entre nosotras. Seguimos caminando hasta quedarnos frente a una tienda Desigual. Nata empezó a pegar saltitos, alegando que necesitaba ropa nueva. Entramos, nos quedamos allí una hora, y salimos con dos bolsas, una llevaba un vestido largo hasta por encima de las rodillas, de color negro, y sin mangas, y otro unos shorts vaqueros rotos. Las dos bolsas de Nata.
Ya eran casi las dos de la tarde. Comenzábamos a tener hambre. Bajamos a una estación de metro, ya que Sam conocía un restaurante muy bueno para comer, pero estaba demasiado lejos para ir andando. Compramos los billetes de metro, y nos sentamos en un banco a esperar nuestro tren. Cerca de allí había un hombre tocando el saxofón. Lo hacía magníficamente bien. Por desgracia, apenas tenía unos cuantos céntimos en su sombrero, y además, nadie le hacía caso. Emocionada por el talento de aquel hombre, me levanté del banco hasta llegar a su lado. Cogí un billete de 5€ de mi cartera y lo coloqué en el sombrero de aquel hombre. Me dio las gracias y volví al banco:
-Últimamente estás un poco rara-me dijo Nata-.
-Para nada-contesté sonriendo-.
Llegó nuestro metro y nos fuimos al restaurante. Comimos y el resto de la tarde fuimos de tiendas, al Museo del Prado, y al cine. Eran las ocho de la noche. Hora de preparase para el concierto. Cada una llevaba su cambio de ropa en su mochila, así que entramos a unos baños públicos para cambiarnos. Tras media hora, estábamos listas. Íbamos todas preciosas. Nata llevaba un vestido negro ajustado, bastane corto, que iba acompañado de un cinturón negro, un poco más claro que el vestido. Llevaba unas medias transparentes, que embellezaban sus piernas. Para el calzado, había elegido unos tacones de aguja negros, de terciopelo. Para el peinado se había planchado el pelo, lo que hacía que le llegara hasta más de la mitad de la espalda. Se había echado rímel, colorete... Marta llevaba una minifalda vaquera, también cortita. No llevaba medias, pero no le hacían falta, sus piernas eran de modelo. Para la parte de arriba llevaba una camiseta sin mangas de encaje, blanca, y un collar de perlas verde. Su largo pelo rubio con mechas negras se lo había recogido en una cola alta. De zapatos llevaba unos tacones rojos, más bajos que los de Nata. Al igual que las demás, se había maquillado bastante. Ana se había puesto unos shorts vaqueros, bastante cortos, y para la parte de arriba una camiseta de tirantes blanca. Llevaba unos largos pendientes de oro, y un collar de plata. También tenía varias pulseras de colores en una mano, y en la otra, una grande de oro. De zapatos llevaba unas sandalias doradas, con un poco de tacón. Su pelo rubio iba rizado, gracias a la espuma. También iba maquillada, aunque no tanto como las demás. Sam iba un poco más lanzada. Tenía una verdadera minifalda, negra, bastante ajustada. Llevaba medias transparentes, al igual que Nata. Para la parte de arriba llevaba una camiseta de tirantes blanca, con un escote bastante pronunciado. Su pelo castaño iba perfectamente planchado. Para el calzado, llevaba unas converse rojas. Yo llevaba un vestido verde esmeralda, largo hasta por encima de las rodillas. Llevaba un collar de oro, pulseras de plata. Mi pelo iba recogido en un precioso moño. Para el calzado, había elegido unas sandalias planas, verdes. También iba maquillada:
-Estáis preciosas-dijimos todas al unísono-.
Reímos y enseguida empezamos a caminar apresuradamente hasta el parking. Allí dejamos en el coche la ropa nueva, y las mochilas. Por supuesto no olvidamos nuestras entradas y dos o tres carteles que habíamos echo.
Corrimos hasta la entrada del teatro donde se realizaría el concierto. Vaya cola que había. Daba igual. Lou nos tenía preparada una sorpresa.
A medida que avanzábamos, la espera se hacía más aburrida. Hasta que ocurrió algo inesperado. Se apagaron todas las luces. Nos quedamos en total oscuridad ¿Tendría esto algo que ver con la sorpresa de Lou? De repente, alguien me cogió por la cintura. Para evitar que gritara, me tapó la boca. Empezó a caminar, hasta que se abrió una puerta y vi luz. Me froté los ojos y miré a mi alrededor. Mis amigas estaban a mi lado, asustadas. Por fin lo vi. Estaba enfrente mía, acompañado por sus amigos, cada uno con una amplia sonrisa dibujada en la cara.

4 comentarios:

  1. Hay Dios maas. Siguiente de inmediatooo y tambien la de la mente magicaa

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  2. Jooderrr siiigueeeee q intrigaaa!! NievesTrueba

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  3. Siiguelaa porfavoor :)

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